Artículos y ensayos seleccionados sobre el pensamiento liberal

Saturday, May 02, 2009

Karl Popper

Nota del editor: Esta biografía corta de Karl Popper fue tomada del Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

Filósofo austríaco, nacido en Viena, de familia acomodada de origen judío. Su infancia transcurre en plena Primera Guerra Mundial y, acabada la guerra, a los 16 años decide, por aburrimiento, abandonar la escuela y estudiar por cuenta propia. Se inscribe en la universidad como alumno libre -no se matriculará hasta 1922- y asiste a cursos de historia, psicología, filosofía y literatura, que tampoco frecuenta demasiado, puesto que sólo se interesa por las matemáticas y la física. En su juventud simpatiza con el socialismo y, por espacio de dos o tres meses, se adhiere al comunismo.

El hecho de ver cómo jóvenes socialistas y comunistas han de morir en alguna de sus actividades políticas le desencanta del marxismo y le hace dudar de su carácter científico. Del socialismo dirá más adelante que su intento de combinar libertad e igualdad le parece sólo «un bello sueño» («Que la libertad es más importante que la igualdad»). A la convicción del escaso carácter científico del «socialismo científico», a la que él atribuye haberse convertido en un «falibilista», esto es, en alguien que mantiene que no es posible conocer la verdad sino sólo detectar el error, une pronto otra convicción: la de que algunas teorías que se presentan como científicas, como la psicología individual, de Adler, y el psicoanálisis, de Freud, carecen de las características de la ciencia. Él mismo narra cómo le llamaron la atención, en su juventud, los intentos de Einstein de someter a prueba sus propias teorías, frente a los intentos de aquellas teorías psicológicas de tener siempre una explicación para cualquier hecho. De esta problemática juvenil surgió su teoría sobre el criterio de demarcación entre lo que es ciencia y lo que no es ciencia.

En 1928 presenta en la universidad de Viena su tesis de doctorado titulada «Sobre el problema del método en la psicología del pensar», que señala el punto final de su interés por la psicología, a cuyo estudio había dedicado unos cuantos años, llevado sobre todo por la influencia de Karl Bühler. Al año siguiente es nombrado profesor de matemáticas y física en escuelas de enseñanza media. Por estas fechas toma contacto con miembros del Círculo de Viena, sobre todo con Victor Kraft y Herbert Feigl, con quienes, discute sobre filosofía de la ciencia y quienes le inducen a publicar sus ideas en forma de libro. Este libro, que debía titularse Los dos problemas fundamentales de teoría del conocimiento, pero que no se publica hasta 1979, se convierte, tras muchas conversaciones y discusiones con otros filósofos neopositivistas, en el núcleo de La lógica de la investigación científica (versión alemana, 1934; versión inglesa, 1959), considerado primero como una obra de crítica al Círculo de Viena, pero que en realidad es una obra que propone una nueva teoría sobre lo que hay que entender por «conocimiento científico»: un conocimiento no verdadero ni probablemente verdadero, sino simplemente hipotético.

Con la anexión de Austria por Hitler, se ve obligado a abandonar Viena y tras un intento de establecerse en Inglaterra, emigra en 1936 a Nueva Zelanda, donde acepta un cargo de profesor en el Canterbury University College, en Christchurch. Allí aplica las ideas metodológicas de La lógica de la investigación científica a las ciencias sociales, con el objetivo de hacer una crítica el marxismo, y el resultado es la publicación -no sin muchas dificultades- de Miseria del historicismo (1945) y La sociedad abierta y sus enemigos (1945). El título inicial de esta última obra era «Falsos profetas: Platón-Hegel-Marx», y el objetivo de ambos libros era exponer cómo el historicismo había llevado al marxismo y al fascismo. Escribió estos libros como «contribución a la guerra», suponiendo que, acabado el conflicto bélico, una de las necesidades más urgentes sería la de defender la libertad contra toda forma de totalitarismo y autoritarismo. Estas obras representan su principal aportación al campo de la metodología de las ciencias sociales. La postura ideológica que manifiesta en ellas le ha valido ser considerado un decidido defensor del liberalismo moderno.

En 1946 es nombrado profesor de lógica y método científico en la School of Economics, de Londres, cargo que mantendrá hasta su jubilación en 1969. Ésta es la época de mayor actividad intelectual de Popper, y él la recuerda en su Autobiografía como la época feliz de su vida en que pudo dedicarse por entero a la solución de problemas filosóficos (mantuvo una famosa discusión con Wittgenstein sobre si existían o no verdaderos problemas filosóficos) y de la que dice que, en su transcurso, «sospecho que he sido el filósofo más feliz que jamás haya encontrado». Muy crítico con el neopositivismo y la filosofía del lenguaje, se opone también a diversas clases de epistemologías no realistas, como el fenomenismo, el idealismo, el pragmatismo, etc.

En 1950 viaja a América y da conferencias en Harvard y en Princeton, donde discute con Einstein sobre determinismo e indeterminismo. En 1962 publica El desarrollo del conocimiento científico: conjeturas y refutaciones, obra cuyo título resume el modo como Popper entiende el desarrollo científico: la ciencia avanza mediante conjeturas en forma de hipótesis, cuya posible falsedad se intenta descartar sometiéndolas a una posible refutación por los hechos. Nombrado en 1969 profesor emérito de la London School of Economics, prosigue incansable su intensa actividad con nuevas obras, artículos y conferencias. En 1972, publica Conocimiento objetivo, donde, en oposición a la teoría del conocimiento tradicional, que considera subjetiva por fundarse en la certeza, propone su teoría del conocimiento objetivo, o del conocimiento sin sujeto cognoscente, sosteniendo que el conocimiento no consiste tanto en el problema de cómo fundamos la certeza o la verdad, sino más bien en cómo se desarrolla y acrecienta la ciencia: a modo de conjeturas que, en forma de hipótesis, se presentan como soluciones tentativas a problemas, acompañadas con argumentos críticos e intentos de someterlas a prueba para descartar su falsedad; en esta obra presenta también su teoría de los tres mundos.

La contribución investigadora de Popper abarca asimismo el campo de las ciencias sociales. Interesado principalmente por la economía, le ha preocupado también el problema del método científico en este tipo de ciencias. Asiste, en 1961, al Congreso de Sociología de Heidelberg, tomando parte en la llamada Methodenstreit, o disputa del positivismo, donde se enfrentan las posturas mantenidas por el racionalismo crítico y la escuela de Francfort, y donde Popper mantiene de forma consecuente su rechazo al principio de contradicción, al que recurren los dialécticos alemanes, y defiende la existencia de un solo método científico para cualquier clase de ciencia, incluidas las sociales. En 1974 publica Búsqueda sin término: una autobiografía intelectual, y en 1977, en colaboración con el fisiólogo y Premio Nobel, John Eccles, a quien había conocido en su estancia en Nueva Zelanda, El yo y su cerebro, obra que plantea el problema de la interacción entre el cuerpo y la mente.

Sus apéndices a La lógica de la investigación científica, que empezó a redactar desde 1975, se convirtieron en sus últimos escritos importantes, titulados Postscriptum: después de veinte años, (1983), y editados (en castellano) en tres volúmenes como Realismo y el objetivo de la ciencia, El universo abierto y Teoría cuántica y cisma en la física. En ellos reelabora teorías fundamentales anteriormente expuestas: indeterminismo, realismo, objetivismo y teoría de la probabilidad, entre otros.

Popper ha dado a su filosofía el nombre de racionalismo crítico, que es tanto una actitud racional general, como una filosofía de la ciencia. Esta actitud crítica, que adopta como método, surge de lo que él llama «el problema de Kant» -en qué condiciones podemos decir que un enunciado es científico-, o problema del criterio de demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es, que comienza a plantearse desde los años de su juventud y que desarrolla como una teoría sobre la naturaleza de la ciencia, denominada falsacionismo. La incomodidad que experimenta, hacia el año 1919, con relación a las teorías de Marx, Adler y Freud, que se presentaban como científicas, le lleva a compararlas con la actitud que -según observa- mantiene Einstein sobre sus propias teorías físicas. Einstein, lejos de desear confirmar a toda costa sus teorías, sostiene que bastaría un sólo fracaso en una predicción para rechazarlas, por lo que anhela someterlas a experimentación, cosa que ocurre con ocasión del experimento de Eddington de 1919, mientras que aquellas teorías marxistas y psicológicas se consideran inmunes a toda prueba y se consideran verificadas en todos los casos posibles. De aquí, contraponiendo al intento de confirmar las propias teorías el intento de refutarlas, deduce su teoría de que lo que define el carácter científico de una teoría es su contrastabilidad, y lo que define a ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables.

Para establecer la refutabilidad como criterio de demarcación, Popper tiene que criticar el criterio de demarcación admitido por los neopositivistas del Círculo de Viena. Sostienen éstos que el criterio para aceptar un enunciado como científico y significativo es su verificabilidad, y que todo enunciado no verificable no es científico y que, por lo mismo, carece de significado. Popper sostiene, frente a este criterio empirista del significado, que el problema está en decidir qué es científico y qué no lo es, y que no debe identificarse científico con significativo, de modo que muchos enunciados no científicos, como por ejemplo, los metafísicos o filosóficos, son enunciados significativos, pese a no ser científicos: el criterio del carácter científico de un enunciado reside en su refutabilidad, pero no el del significado.

La fundamentación de la refutabilidad como criterio lleva al desarrollo de una nueva concepción de ciencia y de teoría científica. Las ciencias son sistemas de teorías científicas, y éstas deben concebirse como aproximaciones a la realidad, como «redes», dice metafóricamente, que lanzamos para comprender el mundo, «para racionalizarlo, explicarlo y dominarlo» (ver cita), y la manera de lograr que la malla de estas redes sea cada vez más fina es procurando eliminar todas aquellas teorías e hipótesis que no dicen nada acerca del mundo, porque son falsas. Puesto que las teorías e hipótesis son enunciados universales, eliminaremos de la ciencia las hipótesis falsas sometiendo sus enunciados universales a refutación. La asimetría lógica existente entre verificación y refutación, o confirmación y desconfirmación, cuando se habla de enunciados universales, justifica que Popper afirme que la confirmación de hipótesis es irrelevante para establecer la verdad de una teoría, dado que un enunciado universal no es lógicamente verificable, mientras que la refutación cobra toda la importancia, ya que basta un solo caso de refutación para rechazar como falso un enunciado universal. Miles de pruebas que confirman que «los cisnes son blancos» no hacen verdadero a este enunciado; en cambio, basta un solo caso de cisne negro para rechazarlo como falso. Del mismo modo, en la metodología científica no interesa esforzarse por la confirmación de las teorías y de las hipótesis científicas: la teoría que afirma que las órbitas de los planetas de todo el universo son elípticas no se demuestra de una forma concluyente aduciendo ejemplos de órbitas planetarias elípticas, mientras que un solo caso de órbita circular refutaría la hipótesis. Vista esta asimetría, o disparidad de características respecto de la misma cuestión, no hay razón lógica para que, en metodología científica, se esfuerce el científico en confirmar y salvar las propias teorías; no puede demostrarse que una teoría científica sea verdadera, pero es posible rechazarla como falsa. Lo que importa, por tanto, es eliminar todas las teorías falsas sometiéndolas a intentos de refutación.

Esto supone un cambio de perspectiva en la teoría de la ciencia mantenida hasta entonces. La concepción heredada de la ciencia, impulsada sobre todo por los patrocinadores del Círculo de Viena y el neopositivismo en general, sostenía una concepción de la ciencia basada en el inductivismo. La inducción importaba tanto en el contexto de descubrimiento de las hipótesis como en el contexto de justificación de las mismas. La ciencia -se suponía- es inductiva, y las hipótesis proceden normalmente por generalización de los casos particulares observados. Además, una hipótesis se justifica, esto es, se razona que es verdadera, sometiéndola a la contrastación, cuyo resultado puede ser la confirmación o la refutación. Si la hipótesis resulta confirmada por la prueba experimental, se la admite como verdadera o, por lo menos, como probable. Este momento de justificación es también inductivo, dado que se apoya sobre un razonamiento inductivo, como es el esquema lógico de la confirmación de hipótesis.

A esta teoría inductiva de la ciencia, opone Popper su deductivismo. Por un lado, no es posible fundar la ciencia en un proceso de inducción por generalización porque, tal como demostró Hume, no está lógicamente justificado pasar de enunciados particulares a enunciados universales, y, además, la ciencia no parte de la observación de casos concretos, sino de los problemas que suscitan teorías para resolverlos y cualquier observación supone ya una teoría previa, que es lo que nos incita a observar. Cómo se originan las hipótesis es sólo una cuestión subjetiva o psicológica. Lo importante es cómo se justifican y, dada la imposibilidad de la verificación de las hipótesis, su confirmación es irrelevante y sólo resulta relevante su posible refutación. No es posible verificar teorías, y el proceso científico debe concebirse como una elaboración de hipótesis, a modo de conjeturas, de las que se extraen predicciones que se contrastan con hechos que puedan refutarlas, con el ánimo de eliminar las que resulten falsas.

Éste método, llamado de conjeturas y refutaciones, es el método propio de las ciencias empíricas y Popper considera que es, al mismo tiempo, la solución al problema de la inducción -que llama «el problema de Hume»-, que considera innecesaria como fundamento de la ciencia, por el hecho de que simplemente no hay inducción. Como entendía Kant, el hombre impone sus hipótesis -sus propios puntos de vista- a la naturaleza, y las hipótesis provienen de la mente humana, no de la naturaleza; la naturaleza, si acaso, las refuta. Según Popper, todas las ciencias, tanto las naturales como las sociales, parten siempre de problemas, y las ciencias, igual como hace nuestro entendimiento en otros casos, salen al paso de los problemas presentando tentativas de solución, que no son sino un caso concreto del método general de ensayo y error. Proponemos intentos de solución y los ponemos a prueba y eliminamos aquellas soluciones que no lo son. El esquema general de este procedimiento es:

P1 - TT - EE - P2

donde P1 es el problema inicial, TT la solución tentativa, o la hipótesis o teoría, EE la eliminación de errores, mediante la discusión crítica o la contrastación empírica de la hipótesis, y P2 la nueva situación problemática en que nos hallamos tras el intento de solucionar un primer problema. Es éste un esquema que puede aplicarse no sólo al método científico, sino a la evolución de los organismos particulares y a la misma evolución de las especies.
Así como toda adaptación es un intento de solución de problemas, así también todo aumento de conocimiento mediante la ciencia es un intento de salir de una situación problemática. La diferencia que existe entre la evolución biológica y la científica es que ésta se lleva a cabo de un modo consciente y que el hombre está interesado en eliminar los errores; y en esto consiste precisamente la racionalidad humana: en recurrir voluntariamente a la crítica de las propias teorías y opiniones. Este recurso a la crítica se lleva a cabo por medios lingüísticos, esto es, con argumentos y contrastaciones. En ellos nos expresamos mediante enunciados que todo el mundo puede aceptar o rechazar; son los enunciados que se someten a crítica o a contrastación y que, por lo mismo, constituyen un saber objetivo, «tan objetivo como una catedral» construida con constantes aportaciones a lo largo de los años: la ciencia no la constituyen pensamientos o ideas subjetivos (en los que importaría la certeza o la verdad), sino enunciados, argumentos, contrastaciones y eliminación de errores. Y por el hecho de que todo esto puede objetivarse en enunciados, que pueden ser criticados y contrastados, decimos que la ciencia es un conocimiento objetivo, que no busca la certeza del sujeto, sino el mayor acercamiento posible a la verdad.

La teoría del conocimiento objetivo le permite a Popper distinguir tres niveles de realidad y tres clases de mundo: el mundo uno, o mundo de las cosas físicas; mundo dos, o mundo de los estados mentales y de las certezas subjetivas; y mundo tres, o mundo del conocimiento objetivo, formado por los «contenidos objetivos del pensamiento», sobre todo de la ciencia y de las artes. Así, sostiene Popper, la ciencia es una institución social: un conjunto estructurado de acciones humanas y resultado de la actividad social del hombre. Lo propio del método científico no es sólo comparar enunciados con sus posibles refutaciones de los hechos, sino también comparar unas teorías con otras. Ambas cosas suponen concebir las teorías científicas como una aproximación a la verdad. Popper distingue, como conceptos fundamentales, la idea de verdad, la idea de contenido lógico y empírico de una teoría y la idea de contenido de verdad de una teoría, o aproximación a la verdad, y les da la categoría de ideas reguladoras, o pautas directivas en la práctica científica. El conocimiento científico tiende a la verdad, aunque, «la verdad no sea el único objetivo de la ciencia», puesto que la ciencia busca propiamente la «verdad interesante», esto es, aquella que resulta ser explicación y respuesta a nuestros problemas. El simple hecho de eliminar los errores o las hipótesis que se consideran refutadas es una forma de acercamiento a la verdad.

El contenido de una teoría es la clase de las proposiciones que pueden deducirse de ella (contenido lógico) y la clase de enunciados empíricos (contenido empírico) que la teoría prohíbe. Cada enunciado que puede contradecir a una teoría es un falseador potencial de la misma y el número de posibles falseadores de una teoría o de una hipótesis está en relación directa con la cantidad de afirmaciones, o capacidad explicativa, de una hipótesis: cuanto más afirma una hipótesis (capacidad explicativa), mayor es el número de posibles falseadores; cuanto mayor es su contenido empírico (mayor número de posibles falseadores), mayor es también su refutabilidad. Por consiguiente, cuanto más refutable es una hipótesis, mayores son su contenido lógico y su contenido empírico y mayor su aproximación a la verdad. En ningún caso puede decirse que sea verdadera, pues basta con que uno de los posibles falseadores corresponda en realidad a un hecho, para que la teoría quede empíricamente falseada (ver la distinción con corroboración o verosimilitud).

Que las teorías científicas pueden estar más o menos cerca de la verdad, significa también que describen la realidad y que hablan del mundo, porque la contrastabilidad de las hipótesis significa que determinados hechos del mundo no pueden ocurrir; la ciencia busca describir y explicar la realidad. De este modo la ciencia se concibe como un conjunto de teorías que se aceptan provisionalmente, mientras no resultan refutadas por intentos constantes y rigurosos de lograr que lo sean. La ciencia es saber provisional, conjetura: «no sabemos, sólo suponemos», y su quehacer consiste propiamente en «criticar teorías». Todo conocimiento es hipotético, conjetural, y la verdadera teoría del conocimiento consiste en el examen crítico de las teorías; por ello, «la verdad no es el único objetivo de la ciencia», sino la «verdad interesante», aquella que viene a ser explicación y respuesta a nuestros problemas.

En La miseria del historicismo y La sociedad abierta y sus enemigos, Popper desarrolla su filosofía social y sobre todo su filosofía de la historia, y aplica al terreno práctico las ideas fundamentales de su filosofía de la ciencia. Mantiene que en realidad sólo hay un tipo de ciencia, aquélla que recurre a hipótesis falseables, y si acaso, existen distintas clases de problemas, para cuya resolución inventamos hipótesis históricas, económicas o psicológicas, según el caso. Ahora bien, los principios metodológicos de la ciencia natural no son directamente aplicables a las ciencias humanas: en éstas no hay leyes tan rigurosamente definidas ni sus hipótesis son tan claramente refutables. El método crítico de Popper, consistente en falsar teorías a través de su contacto con los hechos, se convierte en las ciencias sociales en la actitud crítica que nos lleva a analizar situaciones históricas o sociales concretas problemáticas, nuestros intentos de solución y las consecuencias inesperadas de estas tentativas.
Pero si en las ciencias de la naturaleza el método crítico persigue la eliminación de las hipótesis falsas, en las ciencias sociales la actitud crítica busca la eliminación de los males y errores sociales. Popper rechaza, junto con el historicismo -doctrina que sostiene que el objetivo de las ciencias sociales es establecer leyes generales que rijan la historia con igual carácter determinista que las leyes de la naturaleza, y que critica específicamente en la primera de las obras ahora mencionadas-, aquellas interpretaciones de la historia que la transforman en una totalidad, cuya alma son los grandes hombres, las naciones o los períodos históricos; no existe ninguna totalidad de este tipo y no hay más curso de la historia que el que determinan las acciones libres de los hombres que interactúan entre sí y que libremente deciden la orientación, el sentido y la finalidad que quieren dar a sus acciones. El futuro no está determinado por ninguna ley de tipo histórico; es libre y está abierto a la libre aplicación de nuestros conocimientos sobre el mundo. «Ni la naturaleza ni la historia nos pueden decir lo que tenemos que hacer».

En La sociedad abierta y sus enemigos, y continuando con la misma temática, se centra en la crítica a Platón, Hegel y Marx -enemigos de la sociedad abierta, en cuanto filósofos que han alimentado con sus ideas y principios al historicismo- y analiza las características de esta sociedad, que no es más que la democrática. La «sociedad abierta», la sociedad democrática, es aquella en la que los individuos pueden ejercer libremente sus facultades críticas y la única compatible con su idea de actitud crítica y racionalismo crítico.

Sólo hay dos sistemas de gobierno: la democracia y la dictadura, es decir, aquella forma en la que es posible derrocar al gobierno sin derramamiento de sangre por medio de una votación, y aquella en la que esto es imposible. Popper sustituye la antigua problemática platónica, expuesta en la República, sobre ¿quién debe gobernar? por la pregunta ¿existen formas de gobierno rechazables? ¿Existen formas de gobierno que pueden impedir la sustitución de un gobierno incompetente o malo? Y hace suyas las palabras que Tucídides pone en boca de Pericles: «Sólo unos pocos estamos capacitados para gobernar, pero todos somos capaces de juzgar una política». Nuestro juicio de la política en la sociedad abierta ha de comprender no sólo el esfuerzo por mantener la capacidad y la libertad de poder destituir al gobernante sin derramamiento de sangre, sino también la lucha por el dominio de la razón, la justicia, el derecho, la libertad y la abolición de la guerra. El político, por su parte, debe limitarse a luchar contra los males concretos de la sociedad, en lugar de intentar imponer o combatir valores superiores, como la felicidad.

Libertad frente a la historia, frente al Estado, y optimismo ante el avance de la civilización en el presente y en el futuro, constituyen las características generales fundamentales de la filosofía social y política de Popper.

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